¿En verdad es suficiente? simplemente, un montón de rosas unas cuantas lagrimas, y muchos mensajes, ¿son suficientes? No merecía otra oportunidad, y claramente no se la daría. Esos ojitos no me derrumbarían en la debilidad de nuevo, no caería de nuevo en su trampa. Yo merecía más que eso.
- ¿Qué hago?
- Solo díselo, así de fácil. Como para él no fue difícil hacerte a un lado, ¿porque tu si? Tú no eres débil - aconseje a mi amiga. De acuerdo, nadie me había lastimado a mi ni nada, pero si quería ayudar a Scarlett mi mejor amiga, debía ponerme en su lugar. Y eso hice.
- No es tan fácil. Se lamento sollozando.
- No comprendo el problema, Scarlett, lo siento… no he pasado por esto. Pero definitivamente no le daría otra oportunidad.
- Pero, yo lo amo.
- ¡Scarlett, ¿qué dices?! ¿Me puedes explicar que te ha dicho o hecho como para que lo ames?
Scarlett comenzó a mirar al techo con una mueca pensando. Luego dirigió su mira hacia mí y encogió los hombros diciendo:
- El me ama, me lo dijo.
Intente no reírme por respeto, Scarlett era muy sensible, especialmente en esa situación.
Capitulo 1
Me gustaría regresar al momento donde no había perdido nada.
Al momento en el que no tenía que mudarme ni cambiarme de escuela, al momento donde mis padres aun vivían, o cuando aun tenía la pequeña posibilidad de tener mi primer noviazgo serio. En verdad me gustaba ese chico.
Todo comenzó cuando mis padres fueron a esa estúpida fiesta de trabajo, lo recuerdo aun, el divertido mostacho que mi padre tenía esa noche, o el delicioso perfume de rosas que mi madre siempre usaba en ocasiones especiales, y la ultima vez en la que sus labios hicieron contacto con mi piel, también recuerdo como ambos salieron por la puerta sonriendo y juntos. Unos minutos después de que se fueron, un oficial toco a mi puerta, mi nana fue amablemente, y con mucha lentitud… me dijo la peor noticia que mis oídos habían escuchado jamás, fue en un accidente de auto, la lluvia estaba demasiado fuerte.
Con respecto a Oliver, bueno, íbamos a salir por primera vez en nuestra cita oficial al siguiente día pero… todo se tuvo que cancelar claro. Y después de que le di la noticia de que me mudaría, Oliver nunca me volvió a dirigir la palabra.
Y ya que no hay padres, no hay paga, y si no hay paga no hay nana. Mis tíos no podían mantenerme en esos momentos, decidieron hacerme a un lado, mi tía Amelia, la hermana de mi padre, no quería saber nada de mí, ya que no quería recordar a mi padre. Y también pude escuchar que dijera algo de que es muy difícil cuidar a una adolecente de mi edad, en otras palabras me abandonaron, por suerte el esposo de mi tía Amelia, que sintió algo de lastima por mí, me inscribió a una escuela muy rara y misteriosa en Washington, donde si siquiera me pregunto si no me importaba separarme de Oliver, o mis amigas. Aun así, le agradecí con una pequeña sonrisa por pensar un poco en mi y pagar ese internado de primera y misteriosa clase.
Mi vida había dado un giro horrendo.
Y por eso me encuentro ahora aquí. En camino a Washington, dejando a mi vida pasada que creí que jamás me dejaría en Londres.
Asome un poco mi cabeza por la ventana del avión, pura agua de mar, pero no faltaba mucho para llegar, según el piloto, de nuevo recosté mi cabeza en el asiento del avión, cerré los ojos e intente imaginarme mi futuro lo más positivo posible, pero era… imposible.
Hacia solo un mes que mis padres habían muerto, igual que el niño que me enamoro, y muchas amigas, hacia solo un mes, creí que mi tía Amelia me amaba por ser la hija de su hermanito menor. Pero estaba equivocada, claramente lo que más me dolía, era la perdida de mis padres. Había llorado ríos y mares durante semanas, estaba asustada y sola. Completamente sola, suspiraba muy seguido, y a veces cuando los pensaba un minuto se me escapaba una pequeña lágrima. Baje mi cabeza rendida, estaba cansada por el viaje, y tenía miedo. Mi única compañía era un anciano peludo al lado mío del avión, que estaba profundamente dormido. En verdad intentaba olvidarme de todo lo que había pasado pero, no era lo suficientemente fuerte como para salir adelante, sola.
Había un gran vacío en mi corazón que parecía imposible de llenar.
Ahora todos mis sueños parecían a ver muerto junto con mis padres, yo quería ser famosa con mi música, que mi música le transmitiera un mensaje al mundo, la mejor manera de desahogarme y expresarme siempre fue con el piano, y tal vez un poco con mi voz pero no estaba segura. Los únicos que me hachaban porras eran mis padres, y de hecho ellos me compraron mi primer piano, y mi madre era cantante asique ella me enseño todo lo que necesitaba saber sobre el canto.
Ojala cantara como mi madre, su voz era una melodía perfecta. Mi madre conoció a mi madre en un bar (donde mi madre cantaba), cuando todo parecía estar derrumbado, escucho una voz angelical que lo lleno de vida y esperanza. Y mi madre también lo hacía para mí a veces. Cuando todo parecía estar roto, ella me cantaba una canción, e instantáneamente todo parecía estar solucionado, así de fácil.
Pero ahora, ¿Quién me cantaría? Mi madre ya no podía, y yo jamás volvería a tocar un piano o a cantar de nuevo, no podía. Mis padres habían hecho que ese deseo naciera en mi, ahora parecía estar muerto junto con todo lo demás. Ya no sabía quién era, solo sabía lo que quería. Un día más.
Pero era algo que no podía tener, y tal vez. Jamás lo volvería a tener. Solo rezaba porque el resto de mis días, fueran mejores.
Levante mi cabeza de nuevo, y abrí los ojos cansados.
Ya quería que el viaje terminara, para poder llorar en paz, y sola. Y lo peor era que mi viaje no era a unas lindas vacaciones en Las Vegas, o en Hawái. Era a un internado de gente rica y egocéntrica, todos llenos de secretos, y misterio.
Al menos, el uniforme era de mi color favorito, era una blusa hasta los codos rojo vino, y con el escudo de unos cuervos negros a un costado, la falda era negra y los zapatos eran de color negro igual, con calcetines hasta las rodillas, y claro la corbata obligatoria color, ¡o sorpresa! Negro.
Si, era un uniforme muy gótico, según esto, era un uniforme serio y simple. Yo diría que demasiado, pero el uniforme era lo de menos… había escuchado, e investigado que los alumnos eran todos muy privados y muy civilizados. Yo nunca encajaría ahí. Me sentía sofocada.
Finalmente, nos prepararon para el aterrizaje.
Todos bajamos, el show de seguridad. Tome mis dos maletas, y camine a la entrada del aeropuerto.
Tome un largo y hondo suspiro, y empuje mis maletas a la salida.
Ahí había un montón de personas y taxistas con letreros en las manos, yo buscaba mi apellido, al menos esas habían sido las indicaciones del tío Franco, esposo de mi tía Amelia. La verdad lo hacía con mucha flojera, porque en verdad, no quería seguir con la pesadilla, necesitaba un baño lejos de la civilización, pero no había tiempo que perder.
Después de mover mis ojos de lado a lado buscando mi nombre, lo encontré. Me acerque la señora de mayor edad, seria y fría en su mirada, hasta me dio miedo la forma en que había escrito mi nombre. Me miro con sus ojos zafiros, y su alma parecía apagada, olía a perfume de abuelita, y su peinado y perfil parecían de la realeza. Me miro bajo sus finísimos lentes, y me miro de arriba abajo sin hacer ninguna expresión, tal vez mis jeans estaban un poco sucios, pero la dona se me resbalo de camino al aeropuerto sin querer.
- ¿Eres tu Anabel Hunter, la de nuevo ingreso al Instituto Roca&Diamante? – pregunto con su voz de reina.
- Sí, soy yo – dije desanimada.
- Soy la señorita Rhonda Flinkells, pero para ti, soy Sra. Flinkells. ¿Entendió?
- Si, Sra. Flinkells.
- ¡Bienvenida a Washington, y por supuesto a Roca&Diamante…!
Le regale una sonrisa falsa.
- Sígame, por favor… - dijo dando la media vuelta en dirección hacia el frente. La seguí.
Había una hermosa limusina esperándonos, la Sra. Flinkells tomo asiento en la parte de adelante junto con el conductor, quien muy amablemente me puso las maletas en la cajuela y me abrió la puerta.
Al abrirla, había como otros dos, al parecer, estudiantes de nuevo ingreso a Roca&Diamante. Que tenían la misma cara de depresión que yo, ambos me miraron y bajaron la cabeza de nuevo, eran un chico y una chica.
La chica era rubia con ojos azules y piel pálida. El chico tenía la piel un poco mas bronceada, el cabello castaño y ojos oscuros. Me puse un poco nerviosa, no me habían dicho nada de que tendría compañía, pero por otro lado también era una muy buena noticia, me senté junto a la chica y me acomode lo mas que pude.
Hubo un silencio incomodo entre los tres, cuando el motor arranco, ni siquiera nos habíamos dirigido las miradas apropiadamente.
- ¿De dónde eres? – me pregunto el muchacho.
La chica y yo le miramos apenas abrió la boca.
- Emm…
- ¿Londres, verdad? – me ayudo la chica rubia.
- Si, ¿Cómo lo sabías? – dije sorprendida.
- Tienes aire de ser de ahí, o tal vez solo adivine…
- Soy Anabel Hunter, mucho gusto… - dije con una sonrisa.
Ninguno de los dos me contesto por un momento, solo me observaron pensativos.
- Max Black – dijo el chico después de unos segundos.
- Dalia Queen – dijo la rubia con una pequeña sonrisa.
Entre los tres nos dimos unas pequeñas sonrisas.
- El nombre Max, es perfecto, Anabel es un poco largo… ¿Cómo te dicen? – pregunto Dalia. Fue como un golpe en el corazón. Todos me decían Anabel pero mi madre era la única que me decía Ana, suspire.
- Me pueden decir Ana… - dije con voz un poco rota.
- ¿Y cómo es que lograron entrar a Roca&Diamante? – pregunto un poco más seguro Max.
- Bueno, se podría decir que soy muy buena estudiante… - dijo Dalia un poco tímida.
- ¿Tu porque entraste Max? – pregunte.
- Ah, no… yo pregunte primero.
- ¿Ya tienes un secreto tan pronto? – dijo Dalia.
Al parecer ellos también sabían de la reputación de aquel internado.
Al final cedí.
- Mis padres murieron hace un mes, y ya que no tengo familia… me enviaron a esta escuela, una persona cerca, con dinero se las arreglo para meterme.la verdad es que yo no debería estar aquí.
No me había dado lo patético que eso sonaba, pero Dalia tenía razón… nada de secretos.
Los dos solo me miraban con ojos pensativos de nuevo, serios.
- Bueno, yo tengo media beca por deportes – dijo Max rompiendo el silencio.
- ¿Qué materias hay? – pregunto Dalia.
- Que yo sepa, las típicas materias de secundaria. Pero aquí hay más artísticas y deportes – dijo Max.
- ¿Artísticas?
- Ya sabes, arte, música, baile…
- Oh, claro…
- Ser nuevo apesta, pero ahora que los conozco a ustedes chicos, son oficialmente, mis amigos… ¿pueden? – dijo Dalia.
- Claro, no está mal – dijo Max despreocupado y serio.
Sonreí.
- Me parece una brillante idea.
Los tres sonreímos.
En ese momento el auto se detuvo.
- Llegamos. – dijo Max preparándose para salir.
Contuve la respiración.
- Llego la hora… - dijo Dalia también en posición de salir.
Arrastre mi cuerpo hasta salir del coche junto con Max y Dalia. Nos entregaron las maletas, y la limusina se esfumo más rápido que el viento.
Nos dejo frente a… ¿una escuela? Yo diría más bien un castillo, se veía antiguo, y claro misterioso. Los tres nos quedamos petrificados antes aquella escuela.
- Síganme, por favor… - dijo la Sra. Flinkells, subiendo las escaleras de la entrada.
Max, Dalia y yo con la boca abierta viendo a todas direcciones, entramos atrás de la Sra. Flinkells.
Todo era increíble, claro que todos tenían aire de reyes y reinas, pues viven y seguramente les tratan como tal.
No era lo mismo a mi antigua escuela en Londres, para nada.
Los pasillos eran anchos y largos, llenos de premios, algunas fotografías, muchas pinturas, y algunos grandes y lindos casilleros.
- Genial… - susurro Dalia.
La Sra. Flinkells nos condujo a una gran oficina, parecía la oficina del presidente, había cuatro asientos frente el escritorio. Había frio, había aire acondicionado por todo el colegio. O al menos eso parecía.
- Tomen asiento, el director llegara pronto.
Y sin decir más, nos dejo solos en la sala. Nos sentamos individualmente en las finas sillas frente el escritorio.
- ¿Qué nos harán? – pregunto Dalia.
- Probablemente comernos vivos… - bromeo Max.
Trague saliva, el habiente en ese lugar era como el consultorio de un doctor, cuando sabes que necesitas una inyección. Era una sensación horrible.
Miraba a mi ventana. Era imposible no sentir el calor en mi piel, Era inevitable… Era un dia perfecto. No son muy seguidos, asique solo decidi disfrutarlo antes de que toda la tierra de la vuelta a la oscuridad, a la noche.
Baje las escaleras lo mas rapido que pude, queria ir al parque, donde el sol brillaba mas. Sentia que yo debia estar ahi… Por fin pude sentir el viento acarisiando mis mejillas y el sol tocando mi piel, era hermoso. Para mi suerte el parque no estaba tan lejos, y llegue.
Todos estaban con una sonrisa, disfrutando del dia… los mayores tomaban agradables paseos, y los niños jugaban y comian helado. No pude evitar no sonreir. Una paz inundo mi alma en ese momento, pero al mismo tiempo… mis manos temblaban, sentia que algo epico estaba por pasar. Yo debia estar ahi, ¿O solo era una advertencia de peligro? No podia saberlo. Y no sabia a quien preguntarselo…
El calor me comenzo a hacer efecto, y tenia unas monedas conmigo, se me habia antojado un helado. Al darme la vuelta sobre mis talones, mi mirada se vio atraida a… alguien. Mi corazon latio con fuerza, y se me habia olvidado por completo lo que hacia en ese lugar, senti como me sonroje… simplemente no podia apartar la mirada… no podia. No queria.
Esa sonrisa, sus ojos…. era… como un sueño, cuando nuestras miradas se encontraron, aparte la mia pronto. Mi sonrisa se borro, que verguenza… me comenze a poner nerviosa solo con pensar que me avia dirigido la mirada. ¿Me habia enamorado?
Hice como si nada, y fui a comprar mi helado como estaba planeado. Mientras hacia la fila, decidi mirarlo por ultima vez… el aun me miraba fijamente, y… ¡Se estaba acercando a mi!
¿Y ahora?
Lo que facil viene, facil se va. ¿Entonces, lo que viene dificil, dificil se va?
Las Reliquias de la Muerte.